Lucas 9:24 - Muerte Espiritual
{ Lucas 9:24 }
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará
La primera vez que leí este versículo me pareció contradictorio, hasta chocante por lo radical de lo que Jesús pide.
Perder la vida por Su causa… significa esto que tengo que morir y sólo entonces podré encontrar paz?
Sólo después de la muerte encontramos paz cuando estamos con Él?
Y qué significa que si quiero salvar mi vida la perderé?
Me castigará por querer vivir en el mundo?
Como programador analítico y literal, me hice estas preguntas al intentar averiguar lo que Jesús pedía.
Nada más lejos de la realidad. Y, aunque parezca que no lo es, este versículo sí es literal.
Pero de qué habla entonces? De la muerte espiritual, no física.
Desde pequeños aprendemos a vivir en el mundo. Sus normas y convenciones sociales. Aprendemos a relacionarnos con los demás y, a base de experiencias, desarrollamos nuestro carácter. Somos una mezcla de todo lo vivido, bueno y malo, de todo lo que la sociedad nos impone y de todo lo que nuestro cerebro aprende que es bueno para sobrevivir.
Entonces llegamos a adultos, creyendo que sabemos vivir y gestionar cualquier situación. Pero la verdad es que nuestro niño, ese cerebro que aprendió cómo reaccionar para sobrevivir, sigue al mando. Sigue actuando como aprendió a hacerlo, aunque a veces de manera un poco más sofisticada.
Y ha sido aquí donde me he dado cuenta que nada de esto me sirve para vivir. Que muchas de mis amistades no eran verdaderas. Que mi amor no era sano. Que estaba lleno de miedo. Que lo veía todo desde la perspectiva que me habían dicho que lo tenía que ver. Que muchas cosas no las quería porque de verdad las quisiera, sino porque es lo que me habían dicho que está bien o lo que toca hacer.
Y nada de esto me hacía bien. Por fuera parecía que todo estaba bien, pero por dentro, casi inconscientemente, tenía un vacío muy grande.
Así llegué al desierto. Ese desierto que lleva consigo un desencanto de la vida. Una profunda insatisfacción con lo que soy, lo que hacía, como abordaba ciertas situaciones… y, en general, una profunda sensación de que no puedo ni quiero vivir así.
Intenté cambiar lo que no me gustaba de mi con mis fuerzas, con mi criterio, pero eso solo me llevó al mismo sitio… o me metió aún más adentro en el desierto { Oseas 2:14 }, sintiéndome que no soy suficiente y sin ganas de vivir.
Viviendo así solo cronificaba este estado. Con mis fuerzas no era capaz. Porque estaba siempre intentando agradar al mundo, en vez de enfocar mi vista en Dios.
La respuesta la tenía aquí y en lo que Jesús dice: perder la vida. Es un llamado a no aferrarnos a nuestra vida, basada en el mundo, en todo lo que ya no nos sirve, en todo lo que hemos aprendido hasta hoy, y morir a nosotros mismos. Dejar atrás todo lo que cargamos y borrar todo lo que hemos aprendido, para vivir en Él. Para dejar que Él entre en nuestra vida y haga todo nuevo.
Solo de esta manera, no con nuestras fuerzas sino con las Suyas, vaciándonos de todo, tendremos una vida plena. Y solo podemos vaciarnos de todo muriendo espiritualmente. Renunciando a todo lo que somos para que Él nos guíe y no nuestro propio criterio { Proverbios 3:5 }, porque éste está contaminado por el mundo.
Renuncio a todo lo que he sido y todo lo que soy. Quiero morir a mi mismo para que Él haga todo nuevo en mi. Quiero vivir en verdad y plenamente, teniendo presente a Dios en todos los aspectos de mi vida.